lunes, 18 de octubre de 2010

MEXICO


Te dió el Señor la libertad, y al punto
abandonaste la paterna casa,
y, tomando tu herencia, fuiste lejos,
muy lejos de tu Padre, a disfrutarla:

Y ensordeció el espacio a toda hora
el estrépito alegre de tus danzas,
y de las copas el chocar violento
y tus enloquecidas carcajadas:

Y no hay senda del vicio, ¡ni una sola!
que no guarde la huella de tus plantas;
y no hay rosa, ni nardo ni azucena
que no se halle en tus sendas pisoteada. . .

Hoy tienes hambre y sed; ennegrecida
se ve tu frente, por el sol tostada;
y hay en tu cuerpo heridas cancerosas
y angustias infinitas en tu alma. . .

Y tus amigos, los que ayer ta frente
ciñeron con laureles y guirnaldas,
hoy te miran llorar y se sonríen,
y no saben brindarte una migaja!...

Y allá muy lejos, apacible y pura,
tu casita paterna se levanta...
y allí con sus ternuras infinitas
los brazos de tu padre aun te aguardan!...

Levántate y ve allá... te espera Cristo:
de rodillas pronuncia una palabra
que signifique amor. El en sonrisas
Puede trocar de tu dolor las lágrimas!

Mons. Vicente M. Camacho
Mayo 21 de 1914.

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