jueves, 20 de junio de 2013

EL SACRIFICIO DE LA MISA (11)

TRATADO I 
VISION GENERAL
PARTE I 
LA MISA A TRAVES DE LOS SIGLOS

10. La misa francorromana, punto de partida para la nueva evolución

LAS FUENTES PRINCIPALES
123. De la evolución de las formas litúrgicas en el mundo Carolingio resulto a fines del milenio un nuevo modelo del ordinario de la misa, el francorromano, rico de fondo, a la vez que bien definido, y que se impuso pronto en muchas regiones. De ello encontramos documentos en sitios muy distantes del Imperio Carolingio, para entonces ya desmembrado los lugares en donde se hallaron los documentos más importantes de este ordinario, que en seguida se presentó en diversas redacciones y pronto se exportó a Italia (De especial interés es el ordinario de la misa de la abadia San Vicente en el Volturno (Cód. Vat. lat. 6082), del final del siglo XI, notable por sus rúbricas detalladas, que publicó no hace mucho tiempo V. Fiala. Con él está emparentado el Ordo del Cod. Chigi, conservado incompletamente, en Bona, altera app. Igualmente incompleto se ha conservado el Ordo en el pontifical de Halinardo, destinado para Langres y regalado, en 1306 a una Iglesia de Dijón. También en el Misal de Troyes, nacido a mediados del siglo XI; este Ordo llega solamente hasta el ofertorio. Un ejemplo tardío representa el sacramentario de Seckau, nacido por el año 1170, del que Kóck (17ss 95ss, etcétera) ofrece extractos, y otro, el sacramentario de Boldau, de Hungría, nacido por el año 1195, descrito por Radó), eran las sedes episcopales de Séez, en Normandía (El ordinario de la misa se encuentra en Migne (PL 78, 245-251; cf. también 1. c., 20s) bajo el título Ex códice Tiliano, ed. por H. Ménard. También en Martene (1. 4, XIII [I. 574-580]) con la inscripción equivoca Ex ms. pontifican Salisourgensi. Esta inscripción se explica por la circunstancia de que este ordinario de la misa pertenecía a un suplemento que en la segunda mitad del siglo XI fue añadido en Séez a un pontifical oriundo, efectivamente, de Salzburgo (hoy en París, Bibl. Nat., lat. 820); véase Andrieu, Les ordínes, I, 351-355); Minden, en el Weser (considerada como patria de la Missa Illyrica); los monasterios Gregorienmünster, en Alsacia, y San Lorenzo de Líeja.

124. Evidentemente, el ordinario de Séez es el que más se acerca a la forma primitiva; razón por la cual podemos juntar todos estos misales en un grupo, al que damos el nombre de Séez. Esto no quiere significar que dicho ordinario represente la forma originaria, porque, en lugar de las apologías que encontramos ya intercaladas en él, aparecen otras en los demás documentos (También las primeras acciones del lavatorio de las manos y el ponerse las sandalias con sus oraciones correspondientes sólo se encuentran (con el orden invertido) en el misal de Lieja y en el Cod. Chigi, que, sin embargo, contienen ampliaciones secundarías; por ejemplo, prescindiendo de las rúbricas, el salmo 25, antepuesto ante el salmo 42, para la ida al altar. Al contrario, la rúbrica correspondiente a la conmixtión, que se ha conservado bien en los misales de Lieja y Gregorienmünster, pero también en la Missa Illyrica, en el de Séez se encuentra mutilada; cf. más adelante, II, 44 12. Tampoco es del todo originario el rito de la entrada de Séez; cf. 362 con la nota 5). El original debió de nacer en algún sitio del área francoalemana antes de acabar el milenio, porque al terminar éste nos encontramos con algunos derivados suyos (Según Leroquias (Les pontificaux, X, 142), data el pontifical de Halinardo de la segunda mitad o fines del siglo X. Según Browe (JL 12 [1935] 47, nota 11) coincide con el ordinario de la misa de San Lorenzo de Lieja, casi textualmente otro de Münster, en Westfalia, que pertenece a los siglos X u XI. El origen de la Missa illyrica, en que el esquema de las oraciones se encuentra muy ampliado, se había fijado ya anteriormente en el año 1030, más o menos presenta argumentos que prueban, según cree él, que el Cód. Chigi es del siglo X; falla, sin embargo, por lo menos la argumentación, tomada de los caracteres longobardos empleados en él; parece que el manuscrito se ha perdido, ya que falta en Ebner, 167. El contenido más bien hace suponer que se ha compuesto hacia la mitad del siglo XI). 

Características del nuevo tipo 
     A las características del ordinario de la misa del grupo Séez pertenece, entre otras, la de haberse introducido en él la recitación de salmos en cuatro sitios. Mientras el sacramentario de Amiéns prevé para antes de ponerse las vestiduras solamente el salmo 50, aquí, junto a la serie completa de oraciones para revestirse (las oraciones son distintas de las del sacramentario de Amiéns de las que derivan las fórmulas actuales), se introduce ya un conjunto de oraciones independientes, cuyo núcleo está formado por los salmos 83, 84 y 85, con versículos, y la oración Aures tuae pietatis. Además encontramos aquí por vez primera el salmo 42, que se empieza a rezar a la entrada en el templo con la antífona Introibo ad altare Dei y termina con la oración Aufer a nobis, a la que siguen las fórmulas de la confesión de los pecados en sus diversas redacciones o las apologías, que, por lo menos en la misa solemne, se prolongan por toda la antemisa. Parece que de las apologías sólo aquella en forma de oración sacerdotal, Omnipotens (sempiterne) Deus, qui me peccatorem, era parte del conjunto primitivo. Existe, además, en estos misales del grupo Séez, para antes del traslado de los dones al altar, que por otra parte lleva oraciones nuevas, una serie de fórmulas para el ofrecimiento sacerdotal de tipo galicano, Suscipe Sancta Trinitas, que ya aparecen en el misal de Amiéns. Al mezclar el agua se reza la fórmula Deus, qui humanae substantiae, y la incensación que sigue va acompañada de todas las oraciones actuales. La oración que se pide a los ministros del altar con el Orate, por parte de estos se prolonga hasta después del Sanctus, rezandose en común una serie de salmos apropiados, con lo que ya empieza a desmoronarse el silencio del canon. En la parte de la comunión se encuentran la mayoria de las oraciones actuales (A saber: Domine Iesu Christe, Fili; Perceptio; Panem caelestem; Quid retribuam; el orden, sin embargo, es distinto. La Missa Illyrica contiene también la oración por la paz, las fórmulas de la Sumptio y el Quod ore). Finalmente, se ponen para el camino de vuelta a la sacristía más salmos, a saber, el cántico de los tres Jóvenes, juntamente con el salmo 150 y su conclusión correspondiente, sin que se advierta en ellos ni en los salmos preparatorios señal de que se los considere menos obligatorios que las otras oraciones dentro de la misa. 

Pasa a Italia 
125. Como se ve, no son pocos los elementos que en este ordinario del siglo XI, oriundo del área francoalemana, hallamos idénticos con los actuales; la razón es la siguiente.
     Este modelo, apenas aparecido en el imperio francoalemán, pasó a Italia, donde ejérció una influencia decisiva sobre la futura evolución. Y no son solamente las oraciones que se han conservado hasta la actualidad, sino muchas otras desaparecidas las que encontramos en algunos misales italianos del siglo XI o XII (
Además de otros textos que aparecen ya en ordinarios más antiguos, en parte ya en el sacramentario de Amiéns, pertenece a éstos la oración mencionada Omnipotens Deus qui me peccatorem, que sigue al Aufer a nobis; la fórmula del ósculo del evangeliario: Pax Christi quam nobis; las palabras con las que el diácono entrega el cáliz: Immola Deo; la fórmula para la oración del cáliz: Domine Iesu Christi qui in cruce; la fórmula para la bendición de ambos dones: In nomine D. N. I. C. sit sacrificium; los salmos después del Sanctus; en la comunión, la fórmula Communicatio et confirmatio; la fórmula Mentís, que sigue el Placeat. Otra oración con carácter de apologia Fac me quaeso falta en el texto de Séez, pero está en la mayor parte de los demás documentos, cerca de la oración Aures) El salmo 42 con su oración y las oraciones de la incensación se repiten desde entonces en casi todos los misales italianos. Y si no reproducen el texto entero de este ordinario, como es el caso en el misal de San Vicente en el Volturno y del cód. Chigi, por lo menos contienen su mayor parte con ampliaciones más o menos notables. Entre estos misales existen dos del siglo XI que parecen proceder del centro benedictino de la Camáldula, uno algo más reciente de Montecasino, otro, también benedictino, de la región de Verona, más el sacramentario de Módena, terminado antes del 1174, y, finalmente, dos pontificales de los siglos XI y XII. 


La misa francorromana se impone en Roma 
126. Estos datos nos revelan un hecho de importancia decisiva en la historia de la liturgia romana posterior. A mediados del siglo X empezó masivamente el reflujo desde territorio francoalemán, en dirección Italia y Roma, de la liturgia romana, transformada profundamente y amplificada mientras tanto en el sector francoalemán, y con esto la substitución incluso en el centro de la cristiandad de las formas originales por las galicanizadas. Fué entonces cuando llegó a Lucca y a Roma el pontifical romanoalemán, nacido hacia 950 en Maguncia, según se desprende de los manuscritos copiados por entonces en ambas ciudades, llegando por este camino a ser la base del actual pontifical romano. Este libro se introduciría en Italia con ocasión de los repetidos viajes a Roma del emperador Otón el Grande, en cuyo séquito iban numerosos clérigos alemanes. Los ejemplares más antiguos de este pontifical contienen también el llamado Ordo Romanus VI, que representa el ordinario de una misa episcopal, muy parecida ya al nuestro por su procedencia y contenido. Anteriormente habían penetrado ya en Roma algunas costumbres nuevas, procedentes del Norte. Otras siguieron más tarde, a medida que libros litúrgicos del Norte fueron substituyendo los propios, reemplazando de este modo los usos vigentes. 

Decadencia de Roma 
127. Tal substitución, por desgracia, no fué difícil entonces. Incluso desde el punto de vista litúrgico, el siglo X fué en Roma una época de decadencia y anarquía. Parece que por entonces apenas se compusieron nuevos manuscritos litúrgicos en Roma. En cambio, reinaba una gran actividad en las celdas de los copistas de los países del norte de los Alpes; sobre todo florecía el arte de la miniatura en los conventos alemanes. Es significativo que el papa Gregorio V hiciera en 993 con el monasterio de Reichenau un contrato, por el que éste, en pago de ciertos privilegios con ocasión de la consagración de su abad, debía entregar, entre otras cosas, cada vez un sacramentario. Naturalmente que se trataria de un libro de los que se utilizaban en esta región.
     Andrieu (516, nota 1) llama la atención sobre el hecho de que en los siglos XI y XII se usaban en la capilla papal misales que, según las costumbres fuera de Roma, ponían en el canon, al lado del nombre del papa, también el del obispo: una cum fámulo tuo papa nostro N. et antistite nostro N.


Intervención benedictina
128. Para especificar más, debieron de ser varios los caminos por donde el misal transformado en el mundo carolíngio pasó a Italia con el nuevo ordinario de la misa. Si en el caso arriba mencionado es evidente el camino directo del monasterio alemán a Roma, en otros casos la transmisión debió de realizarse por etapas, de monasterio en monasterio. En los ejemplos mencionados de los sitios en territorio italiano, donde aparece claramente el nuevo ordinario de la misa, salta a la vista la gran participación benedictina; y benedictino es también el cód. Chigi, uno de los primeros documentos. Esto trae a la memoria el hecho de que la reforma de Cluny se extendió muy pronto también a Italia. El abad Odón (+ 942) consiguió en los últimos años de su vida que se sumase a la reforma cluniacense una serie de monasterios de Roma y alrededores, además de Montecasino. El abad Odilo se puso en Ravena, por el año 1000, en comunicación con San Romualdo, fundador de los camaldulenses. Recuérdese que se han encontrado en aquella región dos misales del nuevo ordinario. Por otra parte, en la Francia del siglo X la influencia de Cluny era lo suficientemente amplia como para ponerse en contacto en algunos puntos con centros eclesiásticos que usaban y propagaban (A fines del primer milenio, la reforma ya se había extendido a Dijón. El año 1036 llegó al convento reformado de Saint Bénigne, en Dijón, el pontifical de Halinardo) el nuevo ordinario, si no es que éste había nacido dentro de la misma reforma de Cluny.
     El abad Guillermo, formado en Cluny, se hizo en 1001 cargo del monasterio de Fécamp, que desde entonces, sobre todo por su escuela, se convirtió en un centro de reforma no solamente para los conventos, sino también para el clero secular de Normandia (Sackur, IX [Halle 18941 44-48; G. Schnürer, Kirclie und Kultur im Mittelalter. II [Paderborn 19261 185 213s). Con tal centro en Normandia como origen del nuevo ordinario, se explicaría más fácilmente su propagación por las catedrales y abadías. No será casualidad que la pequeña ciudad normanda de Séez fuera el lugar de procedencia ael documento más antiguo. En Normandia escribió también cincuenta años más tarde, es decir, en una época en que la literatura litúrgica era todavía muy escasa, Juan de Avranches su comentario De officiis ecclesiasticis.—Setenta años más tarde encontramos otra vez a los monjes de Cluny, ahora en la cumbre de su influencia política y eclesiástica (papa Gregorio VII y Hugo de Cluny), como propagadores del rito romano modificado; esta vez se trata de su introducción en España, en substitución del rito mozárabe.


Influencias políticas 
129. Factor principal, aunque indirecto, de la victoria definitiva de la nueva modalidad de la liturgia romana y su ordinario de la misa en el mismo centro de la cristiandad, fué la influencia política de los emperadores romanoalemanes, que desde Otón el Grande ejercieron un influjo cada día mayor sobre la vida eclesiástica de Roma e Italia, colocando repetidas veces candidatos propios en los puestos más importantes de la jerarquía italiana. En un caso concreto consta hasta de una intervención directa sobre la liturgia de Roma de un emperador alemán, cuando Enrique II, con motivo de su coronación en 1014, sugirió al papa la conveniencia de cantar también en Roma e1 Credo en la misa, como era ya costumbre antigua en su imperio.
     De este modo se restituyó por segunda vez la unidad litúrgica en Occidente, pero esta vez no se acomodaron las hijas a la madre, sino que la madre tuvo que doblegarse a la voluntad de las hijas, que para entonces no sólo hablan crecido, sino que también se habían hecho algo independientes. En las nuevas ampliaciones ya no encontraremos la clásica claridad de las antiguas formas, porque las fuerzas que hubieran podido infundirles el espíritu antiguo habían dejado de existir.
 


Múltiples tipos 
130. En realidad, este nuevo ordinario de la misa, venido del Norte, no fué más que un modelo entre muchos. En él se proponían modelos intuitivos de los nuevos elementos litúrgicos, a tono con las tendencias religiosas de la época, pero sin que se impusieran con eficacia obligatoria. Tales modelos, por principio, dependían de la voluntad de las autoridades locales o regionales. Más aún, cada sacerdote tenía el derecho de cambiar o aumentar aquellas oraciones que se decían en voz baja, y que formaban la parte principal de los nuevos elementos, por considerarse la expresión de una devoción privada. Incluso algunas ceremonias más pequeñas, sobre todo en la misa privada, admitían diversas interpretaciones; por ejemplo, la manera de preparar el cáliz y el momento en que se podía hacerlo dentro de la misa, ya que las rúbricas se referían a la misa solemne, donde se disponía de abundancia de ministros. Por eso, durante toda la baja Edad Media encontramos en todos aquellos elementos de la liturgia que, por no provenir de los sacramentarios romanos, carecían de normas fijas, una gran variedad no sólo entre los distintos países, sino aun entre las iglesias y hasta entre los misales de una misma iglesia. Así, se comprende que en los misales manuscritos de la segunda mitad de la Edad Media, que se cuentan a millares, sean raros los casos en que coincidan los manuscritos, al punto de que la copia posterior no añada o quite o cambie conscientemente ninguna oración o rúbrica. 

Las fórmulas cortas 
131. Llama la atención durante toda la Edad Media la variedad en la redacción de muchas oraciones, sobre todo de las más breves. Cuanto más corta la fórmula, tanto más distinta entre sí son sus variantes. Las fórmulas que acompañan la distribución de la comunión o las otras del ofrecimiento de la hostia y del cáliz, o también el Suscipíat, difícilmente se pueden reducir a un texto primitivo único. Aqui aparece una expresión desarrollada hasta el límite; allí, reforzada o enriquecida con nuevos sentimientos o cambiada o suprimida. Todo esto obedece de seguro a que tales textos no se transmitían por escrito, sino oralmente, y se decían de memoria, hasta que al fin alguna circunstancia especial hizo que fueran fijados por escrito. En muchos misales no existían o se ponían únicamente como apéndice; pues estaban en la frontera entre la oración oficial y la privada. A veces ni siquiera se tenía reparo en intercalar en el curso de la misa oraciones francamente privadas, como lo hizo aquel obispo Gondulfo de Rochester del siglo XII, que en su segunda misa, que diariamente decía en presencia de sólo sus monjes, después del evangelio se sentaba y, mientras los niños cantores salmodiaban el ofertorio, se entregaba totalmente a su devoción privada entre sollozos y lágrimas.
     La dirección estaba en manos de las metrópolis. Ello explica el que no impidieran que en casos particulares se volviese insistentemente a adoptar libros, y con ellos usos rituales, de otras provincias eclesiásticas, cuando no era fácil obtener a las inmediatas los libros de la propia metrópoli. Tampoco les preocupaba mucho que en la misma iglesia hubiera cierta diversidad de costumbres. Durante toda la Edad Media corría como proverbio, o repetido textualmente o solo en cuanto a su idea, la frase de San Gregorio: In una fide nil officit Ecclesiae consuetudo diversa.
     San Gregorio Magno, Ep. I, 43: PL 77, 497. Concuerda con este principio del gran papa la norma de amplias miras que se encuentra en una carta a San Agustín que se le atribuye (Ep. XI 64, 3: PL 77, 1187). En ella le dió el consejo de tomar de las costumbres de varias iglesias que en su viaje por Galia había visitado lo que le pareciese mejor para introducirlo en Inglaterra. Según S. Brechter (Die Quellen sur Angelsachsenmmsion Gregors d. Gr. [Münster 1941] 13-111), esta carta no es auténtica.


Las liturgias monásticas; Cluny 
132. Los monasterios fueron los primeros en iniciar un orden más uniforme. Las costumbres de los grandes conventos reformados, que sobre todo a partir del siglo XI intentan fijarse por escrito, contienen abundantes prescripciones para el culto, y entre ellas con frecuencia la reglamentación detallada del ordinario de la misa. Este es el caso del costumbrero de Cluny, redactado a mediados del siglo XI por el monje Bernardo y reformado más ordenadamente hacia 1080 por el monje Udalrico. Se puso especial cuidado en determinar todo lo que se refería a la Eucaristía, desde la presentación del pan hasta las abluciones después de la comunión, para lo cual se añadió una serie de nuevas disposiones.

Cistercienses
     Las nuevas ramas del árbol benedictino fijaron bien pronto para sus iglesias las formas particulares de su liturgia, entre las que debemos contar las prescripciones particulares que regulan el ordinario de la misa, mantenidas con pocos cambios en tiempos posteriores. Influyó en su formación primitiva, al igual que en casos semejantes, la tradición local de las diócesis a que pertenecía la casa madre. No otro fué el caso de los cistercienses, cuyo rito quedó fijado algo después del año 1119 en el Líber usuum, donde se pueden reconocer en una gran parte las costumbres de Chalons-sur-Saóne. El rito cisterciense, tanto en sus cantos como en la decoración de las iglesias, aspiraba a la mayor sencillez posible, en contraste manifiesto con Cluny. Llama la atención con sus ceremonias particulares, que se abandonaron el año 1618, menos en Castilla, el que solamente el prefacio y el canon se recen en el centro del altar, mientras que el Gloria y el Dominus vobiscum se dijeran en el lado de la epístola, lo mismo que el Credo y la secreta en el del evangelio. 

Cartujos 
133. La liturgia de los cartujos se resume en los Statuta antiqua, redactados un poco antes del año 1259, aunque en lo esencial pertenece al siglo XII. Su dependencia del rito de Lyón se explica por la patria saboyana de la primera cartuja. Tiene un color marcadamente arcaico el ordinario de su misa, que sigue en vigor aun en nuestros dias. La misa termina todavía hoy con el Ite, missa est.

Premonstratenses
134. La liturgia de los premonstratenses se configura igualmente en el siglo XII. Al contrario del rito de los cistercienses y dominicos, el premonstratense, en su forma arcaica definida por el Líber ordinarius, vino sufriendo con el correr del tiempo diversas acomodaciones, hasta que en el siglo XVII fué substituido por el del misal de San Pío V. 

Dominicos 
135. En un grado mucho mayor aún que en las órdenes antiguas, cuya vida se atenía al principio de la stabilitas loci, debió sentirse la necesidad de unificar la liturgia entre las Ordenes mendicantes del siglo XIII. En los dominicos tuvo lugar en una primera unificación del misal ya antes del año 1244; la definitiva, sin embargo, se hizo por el Ordinarium iuxta ritum sacri Ordinis Fratrum Praedicatorum, redactado durante el generalato de Humberto de Romans y entró en vigor en 1256. Este Ordinarium alcanzó una gran importancia fuera de la orden por la meticulosidad con que se describen en él las ceremonias de la misa, dedicando incluso un capitulo especial a la misa privada. Diversas agrupaciones monásticas adoptaron el rito dominico; por ejemplo, la Orden de los Caballeros Teutónicos. El rito de la misa del Líber ordinarius del monasterio benedictino de Santiago de Lieja, que a su vez sirvió de pauta a otros, no es sino un ligero arreglo del dominico. Digase lo mismo del que los carmelitas codificaron en el capitulo general de 1312, y que todavía observan los carmelitas calzados. La misa dominica, en algunos puntos, por ejemplo, en la forma primitiva de las oraciones ante las gradas, conserva un carácter antiguo, mientras en otros avanza atrevidamente. Así aparecen suprimidas por vez primera todas las repeticiones en el gradual; surge aquí por vez primera el rito de las abluciones como se usan hoy día, y el evangelio de San Juan al final de la misa. Los momentos dramáticos están visiblemente subrayados por el extender de los brazos después de la consagración y las cruces sobre el cáliz al final del canon. 

Franciscanos: el «Missale sec. usum Rom. Curiae» 
136. De más resonancia en la historia de la liturgia fué el influjo ejercido por una medida tomada por otra orden mendicante, los franciscanos. Después de seguir al principio sencillamente las costumbres de la región en que había nacido la orden, un poco más tarde, entre las diversas formas de la liturgia que encontraban en las regiones en que habían desplegado sus actividades, adoptaron los franciscanos definitivamente como liturgia propia la del Missale secundum usum romanae curiae.
     La curia papal, que por aquella época había llegado a constituir una comunidad de importancia, entre las diversas modalidades de la liturgia metropolitana, especialmente a diferencia de las basílicas patriarcales, formó, al parecer, bajo Inocencio III, un determinado tipo de misal (
M. Andrieu, Le missel de la chapelle papale á la fin du XIII siécle: «Miscellanea Ehrle», II (Roma 1924) 348-376; Baumstark, Missale Romanum, 144-148. Según él, el ordinario para el culto de la capilla papal fué compuesto ya bajo Inocencio III, aunque sólo más tarde aparece. Se trata, sin embargo, de un ordinario que es bastante diferente del que se supone en la obra de Inocencio III De sacro altaris mysterio, que escribió antes de su elección (1198); Batiffol, Legons, 6), que en su calendario contenía, entre otras particularidades, a los papas antiguos, y cuyo ordinario de la misa se caracterizaba por su predilección por la sencillez, ajustándose a las circunstancias del continuo moverse de la curia papal en aquella época. Quedaron excluidas casi por completo las nuevas amplificaciones, los múltiples saludos, bendiciones, versículos y oraciones privadas que encontramos en los misales de los países del Norte, sobre todo al ofertorio y a la comunión. Es más, en algunos puntos de la misa se nota en ediciones posteriores una simplificación progresiva (En el ordinario de la misa del Ordo Rom. XIV (hacia 1311), que representa una ampliación del ordinario de Inocencio III (confróntese nota 49), ya no existe la oración para desplegar el corporal (In tuo conspectu), contenida todavía en el ordinario de 1290. n. 71: PL 78, 1186 C.) Sobre todo, sin embargo, se da en este ordinario de la misa el paso del sacramentario al misal completo, del que en seguida nos hemos de ocupar.
     Tal fué el ordinario de la misa que los hijos de San Francisco adoptaron como suyo, sin renunciar por ello a una acomodación personal, según costumbre general de aquella época. Las modificaciones, sin embargo, fueron de tal naturaleza, que desde entonces el misal de los franciscanos y el Missale secundum consuetudinem romanae curiae, llamado brevemente Missale romanum, son casi idénticos. Los frailes andantes de San Francisco llevaron este tipo de misal por todo el mundo, haciendo que fuera el misal más usado en la cristiandad, y con la invención de la imprenta se impuso en toda la Iglesia latina. Por esto sirvió luego de base para la reforma de Pio V. 


Lyón, Sarum 
137. Entre los ritos particulares formados en las diversas iglesias durante la baja Edad Media merece especial mención el culto solemne pontifical de las catedrales. Sobre ellos nos informan los ordinarios de estas catedrales, principalmente los de las francesas. En cambio, raras veces se llegó a fijar por escrito la liturgia de las misas no pontificales, y parece que ni siquiera pensaron en una unificación rigurosa de los misales. La tradición local y la misma práctica bastaban para orientarse. Con todo, algunas metrópolis se separan de este modo de proceder general, como, por ejemplo, la Iglesia de Lyón, que formó su rito propio, muy característico, y, con algunas variaciones, lo ha conservado hasta la actualidad.

138. También Inglaterra, cuya vida eclesiástica y litúrgica a partir de Guillermo el Conquistador era, un reflejo de la Normandía, creó el rito de Salisbury o Sarum, con una reglamentación detallada del culto en general, y especialmente de la misa, que se consideró como obligatorio no sólo para gran parte de la Iglesia anglosajona, sino aun para otros muchos sitios del continente. En lo esencial perduró hasta la Reforma.
     Véase el ordinario de Sarum, según una redacción más antigua (s.XIII ) y otra más reciente (s. XIV), en Legg, Tracts: HBS 27. Otros documentos de la baja Edad Media véanse en Martene y en W. Maskell, The ancient liturgy of the church of England, 3.a ed. [Oxford 1882]; en esta última obra están reproducidos también, en columnas paralelas, los ordinarios de Hereford y de York. Un resumen de las principales particularidades del rito de la misa de Sarum se halla en Fortescue. The mass, 202-205. Existen también dos ediciones enteras, recientes, del misal de Sarum; la más reciente es de J. W. Legg (The Sarum missal edited from three early manuscripts [Oxford 19161). Acerca de los manuscritos del misal de Sarum que antes del año 1472 llegaron a España y de su influencia, véase Ferreres, p. xcus 72. nota c.


Influencia del «Micrologus» 
139. Parece que, hablando de un modo general, no logró imponerse el reglamentar y vigilar la liturgia por diócesis o provincias eclesiásticas. Al menos en los países de lengua alemana, mayor influencia que los decretos, tuvieron en la evolución y unificación los escritos de un liturgista, Bernoldo de Constanza con su Micrologus, compuesto hacia 1085 en defensa de la reforma eclesiástica de Gregorio VII. El autor, que estuvo repetidas veces en Italia, incorporó a su breve y sobrio comentario sobre la misa, en un capitulo especial (c. 23), el texto del ordinario de la misa, según le pareció a él, más acertado. Mientras que Incluye en el ordinario los salmos de la preparación y el cántico de los tres jóvenes, con las oraciones al final, por lo que se refiere a la admisión de las nuevas oraciones dentro de la misa, se deja guiar por un criterio severo. Por ejemplo, faltan en el ofertorio las dos oraciones del ofrecimiento de la hostia y el cáliz. Entre el Agnus Dei y la comunión ha acogido solamente una oración nueva, el Domine Iesu Christe Fili. Bernoldo insiste en que no se permita añadir nada en el canon, ni siquiera la inclusión de nuevos santos (c. 12).
     De este modo se seleccionó de la exuberancia de nuevas raciones por lo menos un núcleo determinado de ellas, que habria de servir de base para la evolución posterior en Alemánia. Hacia el año 1100, Impusieron los obispos de Hungria por un decreto el ordinario del Micrologus.


JUAN DE AVRANCHES 
140. Importancia parecida, aunque no la misma difusión, alcanzo en Francia la exposición de la misa, breve y predominantemente rubricista, que el obispo Juan de Avranches (+1079) presentó en su comentario de la liturgia.

P. Jungmann S.I.
EL SACRIFICIO DE LA MISA

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